Por Cecilia Di Lodovico (publicado en el Diario de Morón)

Envueltos en una vorágine de nuevas religiones, de cultos y ritos, las personas cada vez más se alejan de la Iglesia Católica en busca de soluciones rápidas sin mayores sacrificios- Sin embargo, la religión Umbanda es una de las más populares ya que se acomoda mejor a los bolsillos de los sectores más humildes, aunque desembarcó al país de la mano de los sectores medios. En un estudio realizado en 1995 por una Comisión Parlamentaria de la provincia de Buenos Aires acerca de qué grupos podían considerarse peligrosos, la Umbanda, nacida en 1920 en Río de Janeiro (Brasil) recibió el segundo mayor número de menciones posicionándose detrás de los “Niños de Dios”.

 

Una salida mágica

Según Alejandro Frigerio -doctor en Antropología (UCLA), investigador del CONICET y profesor de la maestría y el Doctorado en Sociología de la Universidad Católica Argentina- la Umbanda se ganó el lote de “secta” debido a la desinformación y a la utilización peyorativa de esa palabra en los medios de comunicación y la dicotomía Iglesia Católica vs. religiones alternativas confundió aún más las cosas. En el Partido de La Matanza, que mantiene más del 50% de su población bajo la línea de la pobreza, la Umbanda es uno de los cultos más populares entre quienes desean encontrar trabajo, amor, dinero y la solución de rencillas hogareñas o la mágica salida a la violencia familiar, la rehabilitación de adicciones o la sanación de enfermedades comunes o fatales. Así de grande es la órbita de atracción de una “religión legítima e inscripta en la secretaria nacional de culto de la nación”. Sin embargo, sus características permiten convertir a cualquier “chanta” en un “pai” o sacerdote que estafa a sus fieles, o lo que es aún más grave, en un líder sectario. Como lo explica el antropólogo: “se transmite oralmente y no hay una cópula burocrática que apadrone las practicas y creencias, algo que pasa en todas las religiones que no están homogeneizadas y estructuradas”.

La mayoría de las personas que acuden a la religión umbandista lo hacen en un estado de debilidad emocional tal que invita a la incredulidad. Es por esta razón que quines participan del culto o lo desean hacer deben permanecer alertas porque, a pesar de que “la umbanda no es más peligrosa que cualquier otra religión y, en un contexto ritual específico y correcto, es una experiencia que entra dentro del rango de la normalidad”, es de fácil acceso a quienes buscan sacar provecho de la ingenuidad de la gente o, lo que es peor, debido a su orden mágico que estimula a la fantasía facilitando la tarea de individuos desequilibrados.

No obstante, es imposible determinar cuantos son los templos umbandistas que existen hoy en La Matanza. Debido a su naturaleza que tiende a la diversificación, solo se encuentran datos disponibles en el Registro de Cultos, que son incompletos ya que sólo figuran 67 en todo el país, cuando solamente en un diámetro de cinco cuadras en la localidad de González Catan tres se encuentran en actividad.

Un cóctel que da miedo

En Oro Verde (Km 36 de la Ruta 3) el frío nocturno se hace sentir, en la penumbra sólo se escuchan voces que cantan al ritmo de tambores y una familia entera intenta descubrir la locación del templo umbandista ¿Qué es lo que impulsa a mamá y a papá a llevar a sus hijos a presenciar un rito ancestral practicado por los esclavos negros en Brasil, donde se mezclan bebidas alcohólicas, el sacrificio de animales, tabaco,  vestimentas de época, espíritus y hierbas? Un escenario bastante aterrador para aquellos que no conocen los orígenes y fundamentos de la religión, pero comprensible desde su estudio y observación. Por empezar, por mucho que espante a varios, el sacrificio de animales -con cuya sangre se bañan- no debe ser vedado ya que la Constitución Argentina permite la libertad religiosa y el sacrificio no infringe ninguna ley, “a uno le puede gustar o no, pero están en su derecho, además en el caso de los nuevos movimientos religiosos estigmatizados como sectas es la imagen que se trasmite a través de los medios de comunicación”, alega Frigerio y agrega que “la Umbanda constituye un nuevo movimiento religioso en la Argentina y forma parte de un fenómeno mas amplio de expansión de religiones”.

¿De que se trata?

Nacida en Río de Janeiro en 1920, el umbandismo se trata de un culto sincretista de religión africana mezclada con el catolicismo popular, cultos indígenas, espiritismo kardeciano y ocultismo. Al desembarcar en América, los esclavos africanos se vieron despojados de su religión por la fuerza del catolicismo, es por ello que, mediante el secretismo continuaban sus creencias venerando a los orixas, fuerzas de la naturaleza creadas por Oxala (Dios), asimilándolos con los santos católicos, por ejemplo Xangó, es representado por San Jerónimo. Los umbandistas creen que esas divinidades se incorporan en los “mediums” para “hacer el bien” y comunicarse con Dios. Asimismo, convocan a los espíritus, seres que vivieron -llamados caboclos- caciques de tribus indígenas o sus descendientes o a los africanos o bahianos que murieron víctimas de la esclavitud. “El tabaco utilizado en las ceremonias tiene el mismo significado que el chamán indígena: entras en contacto con los espíritus a través del humo”, explica Fernando Argüello, pai pequeño. “En el momento del trance y del contacto con las deidades, los bailes juegan un papel muy importante y siempre están acompañados por tambores. En el momento de la incorporación la persona gira, porque la entidad llega como un remolino” relata el joven, fiel creyente. Sin embargo, los psicólogos escépticos afirman que lo que en realidad sucede es que se adormece la conciencia y aflora el inconsciente, habría autogestión o auto-hipnosis que llevan a la ilusión al autoengaño.

La mirada de los umbandistas

Fernando Argüello, un pai de 23 años, vive en González Catán y sueña con ingresar a la licenciatura de Educación Física de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), pero el culto que practica no es convencional. “La religión tiene mala fama porque si una persona que desconoce nuestros fundamentos pasa por una casa y escucha tambores, gritos y cantos, no va a entender nada y va a pensar: acá están todos locos”, insinúa Fernando y argumenta que “hay rituales que no coinciden con el concepto convencional de religión, pero que no coincida con las religiones más oficializadas no quiere decir que sea mala”. Fernando no sólo se refiere a los cantos y tambores, sino también a las figuras “demoníacas” que presenta su dogma, pero “son denominadas así porque la religión católica nos enseñó a que esos seres con esas características son diabólicos cuando en realidad no representan al demonio en la Umbanda”. Por otro lado, explica e indica que “Exú es el culpable de que a la religión la traten de secta porque este orixá tiene todas las características que tenemos nosotros, los seres humanos, es decir es agresivo puede ser malo, puede ser bueno, puede ayudar, puede hacer daño, y eso lo hace según lo que la persona le diga”.

O sea que, el riesgo es latente porque los orixá responden también a personas malintencionadas, “la religión no es mala sino que las personas los son”, señala Fernando. Su mamá, la mai Marta, agrega que “las entidades que incorporamos, personas ya fallecidas que eran de la religión, llegan con la misión de ayudar a la gente pero también desean saciar sus necesidades terrenales como por ejemplo tomar y fumar otro aspecto que hace ver mal a la religión en la opinión pública”. Además, continua, “mucha gente no entiende el tema de sacrificio de animales y piensa que es un matadero pero nada más alejado que eso. Si matamos un gallo, la sangre representa vida, nos bañamos en sangre del animal muerto para hacer nacer un santo, eso si, no lo recomiendo para el pelo”, bromea pero se apresura a precisar que todo animal de granja que sacrifican.

No obstante, ambos son concientes del peligro que se adhiere a su credo y advierten que “existen muchas personas que usan la religión para lucrar”, y Fernando asegura que conoció gente proveniente de otros templos que “llegaron en un estado terrible a mi casa porque asistieron a otras casas donde sólo buscaban aprovecharse de ellos, porque al no ser una religión que está organizada cualquiera puede autoproclamarse pai, nosotros no podemos hacer nada más que aconsejar”. Por su lado, Adrián, colectivero e hijo de religión del templo de la familia Argüello, señala que “hay lugares donde circula droga, alcohol sin razón, templos que utilizan la religión para maquillar vicios personales”.

Testimonios de la “magia” umbanda

Adrián, colectivero e hijo de religión del templo de la familia Argüello, revela como se convirtió en creyente umbandista: “entre por problemas de salud, tenía un problema en los pies, se me resecaban y me sangraban, algo que no soportaba más me estaba comiendo los pies; me cansé de ir a médicos parapsicólogos, no había con que dale, cremas, inyecciones. Un día un muchacho me dijo que iba a intentar curarme el mal, acepté porque ya había probado todo. Cuando entre me llamó la atención no era una iglesia no era un consultorio parasicológico, al darme cuenta que era umbanda casi salgo corriendo pero me convenció y me quedé a una sesión dedicada a Exú, me llamó la atención que entren a girar. Cuando llegó un exú agarró un churrasco me pasó por los pies, yo pensé: está loco, no entendía nada. Pero yo juro por mi hijo que cuatro días después de eso ya se me habían cerrado las heridas del pie, nunca más volvieron, y así como un montón de problemas que tenía en mi vida personal”.

Zunilda Celada, vecina de Ramos Mejía, asiste al templo de la Mai Vanina -situado en Santa María y Chile (San Justo)- cada vez que un problema la aqueja. “Mi hijo es un desastre, es un borracho incurable, pero gracias a la ayuda de la mai, la novia no lo deja, también me ayuda con los dolores que tengo en las piernas, eso sí, no asisto a las ceremonias porque me da impresión”. Al igual que Adrián, Zunilda continua firme en su fe católica, “yo soy católica, pero no creo en los curas, una vez uno de una iglesia muy conocida de Ramos me pidió que le describa como me masturbaba, a partir de ese día le tomé odio a los curas”. Episodios como los que relató esta mujer ya no sorprenden a nadie, incidentes que desacreditan cada vez más Iglesia Católica

El Mano Santa           

A tres cuadras del templo de Argüello se encuentra la casa religiosa del Babalorixa (pai) Héctor y la Lalorixa (mai) Liliana de Oxala, pero ambos santuarios no tienen relación porque, según Héctor “piensan diferente”, pero Fernando arremete con la observación de que “en muchos templos no se práctica la umbanda verdadera, sino que atraen a la gente con lo básico de la religión y los versean”. Según Héctor, la gente acude a él para “liberarse de espíritus e irse con carga positiva” y aseguró que “existe el bien y el mal” en la religión pero no dio más detalles sólo detalló que “cada cual cuida su casa”. Marta Argüello, mai umbanda con 18 años de religión a cuesta, replica que “a la gente le atrae la magia y hay gente a la que le gusta mentir”. Juan Carlos Argüello, esposo de Marta y padre de Fernando, es conciente de que la gente teme a su religión pero afirma que esto es provocado por el temor a lo desconocido y que “embolsan a todos los ritos en la misma bolsa, acusándonos de sectas”. En tanto, “la Secretaría de Cultos de la Nación se limita a registrar los cultos y templos pero no hace un control de lo que ocurre dentro de las instalaciones religiosas”, indica indignada la familia. Además no hay que olvidar que las zonas carenciadas es en donde dominan las creencias afrobrasileñas, porque prometen soluciones al alcance de la mano, pero que muchas veces son guiadas por estafadores.

¿Cómo identificamos a una secta?

Federico Resnik – coordinador de la Asociación Argentina de Lucha contra las Pseudociencias (Asalup) consultado e entrevistado por la BBC, Veintitrés y Telenoche Investiga, entre otros medios- alerta de que dentro de todo grupo religioso existe el peligro de formarse un grupo sectario. “Hay sectas para todos los gustos y para todas las clases, las hay de orden islámico, oriental, new age, psicológicas, afrobrasileñas, católicas, judías, etc, cualquiera pude estar en una secta y no saberlo”. “Las sectas existen desde el inicio de la humanidad, el cristianismo nació como una secta dentro del judaísmo”, apunta. En el seno de la iglesia católica también pueden generarse sectas “hay un alto índice de curas abusadores, eso llega a pasar porque cada parroquia es un mundo, un cura tiene una entidad de poder, habla en nombre de Dios y puede llegar a tener una influencia totalmente sectaria hacia sus feligreses, puede ser un cura místico, manipulador con las palabras, puede extorsionarlos”, subraya.

“Un líder sectario se caracteriza por mantener una relación de manipulación con sus fieles, ahí es cuando identificamos a las sectas no por el nombre o por las rarezas de sus ritos”, explica el especialista.

 

¿Un rito serio o un invento?

Pero, ¿Qué son los umbandas, una secta, un grupo religioso o un invento?. “En primer lugar hay que deshacerse del sentido peyorativo de la palabra secta y despojarse de esa idea de que todo lo que no es oficial es secta, porque da mucha información trillada ya que está asociado a muerte, a lo demoníaco, pero nada que ver. Lo que sí se puede decir es que determinado grupo practica un sistema sectario”, desarrolla el investigador.  La autonomía, la desunión y diversidad de los templos umbandistas es un gran problema ya que facilita la generación de una tendencia sectaria, “cualquiera se puede transformar en pai, de manera que el posible creyente queda a merced de cualquier chanta peligroso”, advierte. Además, la religión umbanda trata con misterios, magia, mitos y espíritus produciendo temor en los fieles y generando en el pai o en la mai un cierto poder sobre los demás, cuando esto sucede, “el sacerdote umbanda posee poder sobre todo, ya sea la sexualidad, la plata o la mente del creyente”.

Un elemento que cuestiona Resnik es la facultad de incorporar espíritus en el cuerpo de los umbandistas, elemento presente en el espiritismo de Allan Kardec. ¿Cómo se logra?. Existen varias técnicas, entre ellas “girar”: “comienzan a danzar hasta que quedan supuestamente posesos. Son movimientos de hiper respiración una técnica utilizada para perder el conocimiento; luego comienzan a hablar en la supuesta lengua de la entidad que incorporaron”, indica. Pero se mantiene escéptico y afirma que “definitivamente no creo en la posesiones umbandas, portuñol habla cualquiera, no hay una demostración explicita de que un tipo poseso puede hablar efectivamente otro idioma, aunque eso no quita que el umbanda sea serio o no, se respeta como cualquier otro tipo de creencia”.

Si, como confirmaron Adrián y Zunilda, la mayoría de los creyentes del credo continúan siendo católicos, se presenta el siguiente interrogante: la Umbanda: ¿Religión o negocio? Es decir, una persona puede asistir regularmente a misa católica pero cuando tiene un problema acude a lugares que le aportan un resultado inmediato, a un módico precio (la sesión de clarividencia mediante el jogo de buzios cuesta alrededor de 30 pesos). “Todos los trabajos se cobran”, puntea Marta Argüello.

En este sentido, el coordinador de ASALUP alega que “los umbandistas hacen de todo: son sanadores, destraba caminos, parasicólogos y violan todo el tiempo el ejercicio legal de la medicina” (Ley 17132).

Otro tema es el “ambiente”, aspecto que se trabaja mucho en los rituales, debido a que resulta clave para la sugestión del pai y de la mai, de los fieles y del cliente (o asistentes). “El cliente necesita una imagen sugestiva y para ello son necesarios elementos como: imágenes de dioses, velas, inciensos, olores raros y es posible que se utilicen especias alucinógenas como marihuana que se mezclan con otros aromas, y ahí es cuando todos vuelan inclusive el cliente”, asevera. Respecto a las personas que comienzan a asesorarse por umbandistas, Resnik cree que “los que llegan a la umbanda lo hacen en un estado vulnerable, muy permeable, es gente que no tiene otra salida, dentro de esa permeabilidad el proceso de conversión es mucho más fácil y al pai le interesa que el templo tenga fieles porque hay que mantenerlo”. Finalmente, reflexiona: “no coincido con la Umbanda pero lo respeto y creo que puede ser visto como un movimiento religioso pero, ¿Qué es serio y que no es serio?”.

INFORME: MARIANA SOTELO Y CECILIA DI LODOVICO